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Graduada nos cuenta su historia en Australia

By Juan Carlos Monzón. Communications Advisory Office

Hoy en día esta graduada cuenta con que, aunque nunca hizo parte del grupo de los buenos estudiantes del salón, siempre estuvo enfocada en su pasión por lo que estaba estudiando, y gracias a su tesón y al programa de movilización internacional de la Universidad de Cundinamarca logró realizar las pasantías en México.

Un día escuchó una convocatoria para hacer unas pasantías en México como parte de un convenio que había. “Yo me animé mucho porque era un trabajo en el acuario de Veracruz. Así que me postulé y me escogieron” comenta.

De esta forma, empacó maletas y aterrizó en ese país. Era la primera vez que salía de Colombia. “Allá hice un manual del manejo de una nutria endémica que me sirvió de trabajo de grado y aprendí mucho sobre fauna silvestre. Entonces cuando terminé esa pasantía, me devolví a Colombia y sustenté mi estudio ante un auditorio repleto en donde estaban los profesores y muchos compañeros que no daban un peso por mí ya que era muy desjuiciada. Concluí mi exposición y todos me aplaudieron y felicitaron. Fue algo muy bonito que siempre recuerdo” anota con nostalgia.

Tan pronto terminó y con el título como zootecnista en la mano se devolvió y habló con dos colegas. Una de ellas era directora de un zoológico en Playa del Carmen quien me propuso hacer un voluntariado. Fue cuando me dijo: ´su trabajo consistirá en hacer la guardia animal de la noche. ¿Le sirve? ´. De una le dije que sí. En ese sitio formulé la dieta a los animales y les hacía los juguetes que se les da para que se entretengan y les monitoreaba su salud”.

“¡Necesito hablar inglés!”

Su empuje le sirvió para que una persona le ofreciera el puesto soñado por ella, ser entrenadora de delfines, previa capacitación. “Cuando llegué a la entrevista, la persona de selección le gustó mi hoja de vida. Me hizo unas preguntas que le respondí bien, pero la última fue: ´¿Usted sabe hablar inglés? ´ Le dije que ´más o menos. ´Es que las clases para ser entrenadora de delfines es en ese idioma´ y ahí me descalificaron”.

Así, con la tristeza de haber perdido la oportunidad de su vida, decidió devolverse para Colombia. ”Yo me decía: ¡qué mal, no puede ser esto. ¡Necesito hablar inglés! Ante esa derrota, me puse a estudiarlo en el Sena. Todo gratis porque no tenía los recursos económicos para pagar un curso de inglés, sin embargo, no me rendí y realicé gestiones con el Icetex para irme a Australia a aprender este idioma”.

En Australia a la par con el estudio de inglés trabajó con caballos. “Allí debía bañar los caballos, peinarlos, revisarlos que estuvieran bien de salud y llevarlos bien sea al odontólogo, a la piscina, a la trotadora, al veterinario, a la fisioterapeuta o a su día de descanso en unos potreros especiales. Todos son tratados como si fueran unas estrellas. Mis jefes estaban contentos conmigo y siempre destacaban mi eficiencia y eficacia para el trabajo en comparación con los australianos y me ponían de ejemplo. Igualmente avancé aún más en mi inglés”.

Sin embargo, el destino le dio un golpe muy fuerte en el sentido literal de la palabra. “Un día estaba revisando una yegua y esta me pateó el brazo y me fracturó el codo. Duré un tiempo así y como no me puedo quedar quieta, en medio de mi incapacidad me fui para donde una amiga que vive en la ciudad de Adelaida”

A su llegada quedó extasiada por esa ciudad acogedora y pequeña en comparación a la gigante y cosmopolita Melbourne. “Le dije a mi amiga que yo quería quedarme a vivir allá. Entonces busqué en internet y conseguí una escuela y me inscribí a estudiar administración agropecuaria. Aprendí y me recuperé. Fue cuando pasé mi hoja de vida en un hipódromo y ellos llamaron a mis anteriores empleadores quienes dieron buenas referencias de mí, me entrevistaron y me contrataron. Sólo duré tres días sin hacer nada”.

Ahora está en Colombia visitando a su familia. “Me vine porque me voy a postular para la ciudadanía australiana y no me es permitido salir del país en un buen tiempo una vez haya realizado dicho trámite”.

Y es que el tiempo y la experiencia han pasado inexorablemente por su vida como cuando un reloj de arena se voltea para contabilizar los granos que se deslizan por esa delgada cintura de cristal. Por eso no duda un instante en enviarle a los jóvenes de la UCundinamarca un mensaje contundente. “Hagan lo posible por salir de Colombia a estudiar o trabajar y aprendan un idioma como el inglés o el francés y verán cómo se les abre la mente, el mundo y el empleo. También que asuman con buena actitud la vida que eso es lo que, a mí, una estudiante que fue vaga, me ha servido para surgir”.

Gracias a la Universidad de Cundinamarca cada vez son más graduados los que comparten historias de éxito que no solo motivan e inspiran a la generación de estudiantes por alcanzar los sueños personales sino a propender por toda la transformación de una generación que no tiene límites.

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