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“Vivir en China es todo un desafío”: Ferley Narváez

Por: Juan Carlos Monzón. Periodista Oficina Asesora de Comunicaciones

Para conocer su historia y por qué terminó al otro lado del mundo en la ciudad de Donguan hay que remontarse a la época en que se graduó de bachiller. “Yo lo que deseaba estudiar era una ingeniería, matemáticas o física. También contemplé la opción de ser entrenador de fútbol ya que había sido en el colegio asistente técnico del equipo femenino y me gustaba eso”.

Para cumplir esta última meta, se inscribió en la Universidad Pedagógica para estudiar educación física, pero el día en que debía presentar el examen, se le pegaron las cobijas. “Llegué cinco minutos tarde a las pruebas de admisión y no me dejaron entrar. Entonces pensé: ¿Qué hago ahora? Recordé que un conocido había estudiado Ciencias del Deporte y Educación Física en la Universidad de Cundinamarca. Lo llamé y me dijo: ´el programa es muy bueno, yo se lo recomiendo´. Me inscribí y empecé a estudiar en Soacha”.

Ahí inició su amor por el tenis ya que en segundo semestre vio ese deporte como materia. “Empecé a entrenar muro para mejorar los diferentes golpes y a practicarlo con un conocido. Así poco a poco dejé la idea de dedicarme al fútbol”.

Para esa época este muchacho ya había trabajado en un almacén de ropa deportiva y después en una pizería para ponerle la trampa al centavo. “Hasta que un día me ofrecieron empleo en el Centro de Alto Rendimiento como caddy –léase recoge bolas-. Después allí fui monitor y entrenador de tenis. Una tarde allá me encontré con mi jefe y me dijo: ´Ferley hay una vacante para entrenador en el Club Guaymaral quieres tomarla?´. Al principio le dije que no y después acepté, presenté entrevista y me contrataron. Pensé que esa gente adinerada era petulante, pero no, la mayoría son muy buenas personas, incluso hice amigos que aún perduran” recuerda con nostalgia.

“Viajé a China sin hablar inglés y mucho menos mandarín”

Y es que este hombre tiene estrella. Siempre ha sabido estar en los lugares y momentos indicados. “Donde yo vivía, conocí una persona que siempre salía a jugar tenis, pero no éramos amigos, sino vecinos y hablábamos de vez en cuando. Entonces un día yo iba saliendo del edificio y me lo encontré y me dijo: ´tengo un amigo que es de Serbia y va a montar una academia de tenis en China, le interesa?´ Le respondí: ¨Yo me voy, pero no sé inglés y menos chino. Él hizo las consultas y dijeron que no había problema y viajé”.

Así atravesó medio mundo haciendo escala en Madrid para después aterrizar en el gigante asiático el cual tiene una población de 1400 millones de habitantes. “Llegué a enseñar tenis a la ciudad de Donguan. Al principio era todo con señas. Poco a poco fui aprendiendo inglés ya que los demás profesores de la academia lo hablaban y así me fui soltando en ese idioma. Ahora hablo también algo de mandarín, pero enfocado a la práctica deportiva”.

El choque cultural todavía hace parte de su diario vivir en una sociedad milenaria que no la une absolutamente nada a Colombia. “Yo soy una persona que a mis 36 años me adapto rápido a las circunstancias. Sin embargo, todo acá ha sido un desafío. Me costó trabajo por ejemplo comer con los palillos. Al principio hacía unos regueros de arroz sobre la mesa impresionantes y la otra vez en pleno verano, entré a un restaurante y ellos ponen agua o té para los comensales, pues imagínese me serví y tomé un sorbo y me quemé. Yo no sabía que la sirven caliente”.

Pero eso no es todo. “Ellos escupen con mucha frecuencia y eructan y chaquean los dientes cuando están comiendo y se tiran gases donde sea. También me impresiona que fuman bastante. Son cosas que uno no puede cambiar y debe respetar, pero al principio impactan”, comenta este hombre que se califica como un todo terreno.

El clima también ha sido otro factor con el cual ha tenido que lidiar. “Hay solo dos temporadas, una de un frio intenso sin nieve y otra de un calor impresionante”.

Cuando se le habla de un mensaje a los jóvenes no duda decir: “La vida es una lucha constante. Hay que soñar para cumplir la metas y rodearse de gente que sepa más que uno y así uno pueda aprender de ellos sin ningún tipo de envidias”, afirma con la experiencia que dan los años.

En la Universidad de Cundinamarca continuamos estrechando la relación con nuestros graduados. Si quieres contarnos tu historia de emprendimiento o crecimiento profesional e inspirar a otros, te invitamos a escribirnos al correo: [email protected]

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