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Docente desarrolla psicoterapia con videojuegos

David Galindo es psicólogo y docente en la UCundinamarca, en la cual no solo imparte clases en sexto semestre de la extensión Facatativá, sino que dirige un semillero de investigación donde inspira a sus estudiantes a generar conocimiento y a ir más allá de las aulas a fin de contribuir con los cambios que requiere la sociedad actual.

La idea de hacer psicoterapia con videojuegos nació como una monografía de grado para optar por una maestría que desarrollaba en el año 2017 en la Universidad Santo Tomás. “En aquella época me propuse investigar cómo los videojuegos pueden servir de recursos narrativos y generar contexto en el proceso de psicoterapia con preadolescentes”.

Y es que los videojuegos han sido satanizados. Hoy la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha catalogado la adicción a estos como enfermedad a la que llama el trastorno del juego. No obstante, David asumió el riesgo de darles otra connotación gracias a que en la UCundinamarca siempre se le ha inculcado la translocalidad, término el cual refiere a cómo las nuevas tecnologías de la comunicación han venido trastocando las relaciones sociales y la vida cotidiana.

“Esta investigación la trabajé con un grupo focal de jóvenes de un colegio de Bogotá que tenían problemas de comportamiento. Para tal efecto, emplee un juego muy popular llamado Minekraft. Se trata de un mundo lleno de cubos en el que ellos deben construir por ejemplo casas o edificios a partir de una caja de herramientas que tiene martillo, maderas puntillas, entre otros elementos”.

La psicoterapia que él desarrolla consta de cinco. “En la primera, se llena un consentimiento informado por parte de los padres y el joven y posteriormente en el consultorio les muestro en mi computador el juego, en que consiste y les comento como descargarlo en sus celulares. Después entro a jugar con ellos y mientras tanto les voy haciendo preguntas claves como que los trae al consultorio y otras de mayor trascendencia.

Y es que, con esta técnica, a diferencia de las antiguas en donde el psicólogo usa temperas, pinceles o cuentos como elementos que ayudan a la psicoterapia, David descubrió que era más fácil entrar en el cerebro de estos niños. “Me percaté que se sueltan más a la hora de hablar. Tuve por ejemplo un paciente que me lo remitieron porque era muy ensimismado, pero cuando apliqué esta metodología él se pudo abrir gracias a que el juego le permitió construir su propio mundo a la vez que se fue abriendo al dialogo en un sistema escolar y familiar que lo silenciaba”.

Pero ahí no para todo. “A los padres también los he involucrado en las sesiones de psicoterapia para que también jueguen con sus hijos, aspecto que sorprende a estos últimos, pero que también ayuda a tener un panorama más completo de las problemáticas individuales y de familia que se presentan”.

Por ahora su tiempo transcurre entre la consulta particular y sus clases como docente dirigiendo un semillero de investigación y dictando Medición y Evaluación III Registro Sociales, entre otras. “Mi objetivo consiste en que más colegas la conozcan y se vuelva una opción más en la psicología clínica” concluye.

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