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2026-09-24
Derechos humanos ¿parte de la formación profesional?
Por: Alejandro García Suárez – Oficina Asesora de Comunicaciones
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Por Juan Carlos Monzón. Periodista Oficina Asesora de Comunicaciones
La historia de Sory Escobar está tejida de momentos matizados por la guerra que ha atravesado el país, pero también de la fuerza de muchos colombianos que se levantaron a emprender un mejor futuro, gracias al esfuerzo y empeño que los llevo a convertirse en profesionales, como es el caso de esta enfermera graduada de la Universidad de Cundinamarca, a quien le dejo huella las enseñanzas de sus profesores, quienes le recalcaron la importancia de la “humanidad” y el servicio en el desempeño profesional.
– ¿Dónde nació?
-En Saravena, Arauca
-Una tierra caliente. Le digo yo.
-¿En qué sentido?
-En los dos: clima y orden público
-Si eso es verdad.
Entonces me corrobora lo que yo pensaba con una historia fuerte, cargada de valentía, pero a la vez de miedo en la que toda su familia sollozó en silencio por meses la usencia definitiva del papá. “Él tenía en aquella época un restaurante y por allí pasaba la guerrilla y les vendía comida. A los pocos días transitaba el ejército y también les vendía. Por esta última razón, los subversivos le hicieron un atentado del cual salió con vida”, me comenta.
Y es que para esa época ella tenía doce años y apenas cursaba séptimo grado, pero tiene toda la historia clara como si hubiera ocurrido ayer. Y fue a raíz de esa situación que su familia debió cruzar la frontera y resguardarse en El Amparo, Venezuela. Así como lo han hecho millones de colombianos a quienes el conflicto armado ha “vomitado” por las fronteras huyendo con unos pocos corotos ante la arremetida de un conflicto que ni lo sienten propio y que todos llevamos mirándolo desde nuestro televisor inteligente sin una pizca de compasión. “Después de eso la guerrilla secuestró a mi cuñado y para dejarlo en libertad pedían hablar con mi padre”.
Fue así como una calurosa mañana, “él emprendió su viaje a cumplir la cita con su chofer”, me comenta con una voz vívida. Cruzó este hombre recio y guapo como buen llanero esa línea imaginaria que llaman frontera y que separa el estado Apure de Arauca para verse con el comandante guerrillero ante la angustia de la familia que al otro lado solo rezaba para que todo saliera bien. “Infortunadamente tan pronto llegaron, los mataron junto a mi cuñado”.
Sus hermanos no pudieron ir al funeral, ya que existía un fuerte rumor en el pueblo que los asesinarían con lo cual quedó el duelo a medio hacer, “y para rematar –me comenta esta valiente mujer-, ellos se quedaron con unos carros de mi padre y a mi mamá le tocó ir a hablar para arreglar las cosas. Allá le dijeron que lo habían declarado objetivo militar por colaborar con el ejército”.
Así se consolidó una diáspora familiar en donde su hermano mayor terminó viviendo en El Espinal y el resto de la familia desperdigada por toda la geografía nacional. “Él me dijo un día: ´Vengase acá y me ayuda con mi negocio en el tema de servicio al cliente. Una vez allá, me presenté a la Universidad de Cundinamarca de Girardot para estudiar enfermería y pasé. Después me gradué, conseguí un trabajo en mi profesión en un hospital y cree un programa de prevención del cáncer de seno llamado consultorios rosados porque están pintados con ese color que es el que identifica la lucha contra esa enfermedad”.
Hasta que un día según sus propias palabras, “me animé a llamar por teléfono un mastólogo que no conocía y a quien le dije: ´acá en el Tolima no hay su especialidad y nos estamos atrasando en la atención a las pacientes´. Él me dijo: ´ Yo pienso entonces ir a hacer consulta allá y después voy a operar algunas pacientes´.
Tuvimos una buena relación y al poco tiempo lo nombraron presidente de la Asociación Colombiana de Mastología. Entonces me invitó al congreso de la especialidad en Cartagena y me reuní con sus integrantes. Sacaron unos lineamientos para montar los consultorios rosados por todo el país y me invitaron a que viajara para supervisar su montaje para que ellos con mi visto bueno, dieran el respectivo aval”.
Pero ahí no termina su carrera, ya que ella recibió hace poco por este trabajo un reconocimiento como experiencia exitosa por parte de la Organización para la Excelencia en Salud. Esta labor la combina con su empleo principal en el Comité Internacional de Rescate, una ONG norteamericana que presta atención médica a la población venezolana. “Entrar allí no fue fácil. Duré dos años presentándome a varios cargos, hasta que lo logré, pues exigían nivel de inglés B1 que alcancé al terminar mi maestría en salud reproductiva”, anota con orgullo.
Ahora que ha traído todos esos recuerdos malos, la conversación da un giro inesperado y me dice que si ya vi la película Encanto de Disney. A lo que le respondo que “no”. Es que yo la vi ayer con mi hermana y mis sobrinos y me vi reflejada en la historia. Más allá de la belleza con que muestra el país, el trasfondo es de un padre que es asesinado y la mamá termina asumiendo las riendas del hogar que fue lo que nos pasó a nosotros. La verdad me dejo impactada. Tiene que verla”.
Finalmente le pregunto cómo la marcó la UCundinamarca en su vida y que mensaje les deja a los jóvenes. “Cuando estudié enfermería en la universidad me marcó mucho que todos los profesores que tuve siempre me recalcaron el tema del saber, hacer y ser, algo que también cuando he sido maestra les he repetido a mis estudiantes y quiero que a las nuevas generaciones se les quede en la cabeza. Igualmente les diría que las metas se cumplen cuando se trabaja con disciplina. Esas son mis recomendaciones”, concluye esta esposa y madre de voz dulce, que me recuerda con su valentía el libro Doña Bárbara que evoca una mujer aguerrida del llano que no le comía cuento a nada.
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