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2026-09-24
Derechos humanos ¿parte de la formación profesional?
Por: Alejandro García Suárez – Oficina Asesora de Comunicaciones
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Con una maestría y doctorado de la Universidad de la Mancha, este hombre que desde niño siempre fue una “pepa” para las matemáticas, hoy es un ejemplo de tesón y entrega. “Toda la vida fui un buen estudiante. Recuerdo que logré el mejor Icfes de mi colegio Aquileo Parra. Fueron 341 puntos sobre 400”, comenta con orgullo.
Su amor por el estudio siempre lo llevó a ser un joven inquieto por aprender en medio de un hogar conformado por sus cuatro hermanos, su madre que es ama de casa y su padre quien trabajó toda la vida en el área de taller de una empresa que hace mantenimiento a la maquinaria amarilla. “El estudio siempre me gustó y ellos me apoyaron mucho, aunque aquellas materias que no eran de ciencias exactas siempre las pasaba con lo básico”.
Su momento de la verdad llegó cuando se graduó de bachiller. Salió más perdido como la mayoría de jóvenes que llegan a ese instante crucial de la vida. “No sabía que estudiar. Entonces mi padre me dijo: ´Mijo inauguraron la Universidad de Cundinamarca en Chía y hay Ingeniería de sistemas. ¿Por qué no estudia eso?´ Entonces pensé: metámonos y me inscribí”.
Poco a poco se le grabó en la cabeza la pasión por esta carrera al ver cómo sus profesores le mostraban que la ingeniería de sistemas siempre buscaba solucionarle los problemas a la gente. “Eso me encantaba y además las materias más difíciles para todos mis compañeros, para mi eran las más fáciles. Siempre las llevaba en 4.5 sobre 5.0”.
Pero su excelencia y esa inquietud constante por aprender pronto dio sus frutos. “Antes de graduarme un profesor me llevó a trabajar en la Clínica Teletón en el área de sistemas. Era el asistente de la jefa. Allá aprendí bastante”
La formación académica continúa
Sin embargo, de nuevo un punto de inflexión llegó a la vida de Luis Gabriel, un hombre que goza saliendo de su zona de confort para desafiar el destino. “El día que me gradué pasé mi carta de renuncia. Me ofrecieron más sueldo, pero en el fondo sabía que ahí no había opción de ascender. Esa fue una de mis mejores decisiones”.
Dos meses pagó por tal osadía, pero como al que le van a dar le guardan dice el refrán popular. “Mi hoja de vida llegó a manos de una empresa de tecnología y me llamaron y estuve laborando un tiempo con ellos en Medellín. Después renuncié y regresé a Bogotá donde encontré otro trabajo”, comenta con desparpajo.
No obstante, sentía que quería de nuevo estudiar por eso navegó por internet hasta que consiguió lo que buscaba al otro lado del océano. “Entré a estudiar una maestría en tecnologías informáticas avanzadas en la Universidad de La Mancha en Albacete. Me gradué y conseguí allí trabajo con unos grupos de investigación, pero después llegó la crisis económica a España y tuve que devolverme. Ya no había nada que hacer allí”.
Ya en Colombia de nuevo entró a trabajar a un banco. “Y al poco tiempo se enteraron en la Universidad de Cundinamarca que estaba de nuevo en el país y me ofrecieron dictar clase. Entonces combinaba las dos actividades”.
Pero de nuevo decidió salir de su zona de confort y se le metió la idea de hacer un doctorado que en la academia son las grandes ligas del conocimiento. “Hablé con mis directores de la Universidad de La Mancha y me aceptaron para hacerlo. Hice mi tesis que se llama: “Sistema para Identificar Eventos Anómalos en el Hogar Combinando Modelos de Reconocimiento de Actividades Humanas y Fuentes Heterogéneas. Es de la línea de inteligencia artificial, la sustenté y lo logré”. Comenta con orgullo.
Ahora de nuevo como profesor de la Universidad de Cundinamarca y desde su vasta experiencia ve que los cambios tecnológicos van de manera vertiginosa atropellando a la humanidad y dejando regados en el suelo a aquellos que no se acomodan. “Lo que se viene en el tema de inteligencia y automatización es impresionante. Hay un concepto que se llama singularidad tecnológica en donde los computadores tienden a comportarse como el cerebro. Eso es lo que nos espera. De pronto me veo en unos años trabajando en dicha área, por eso compré el electroencefalógrafo”, afirma con la seguridad de ser un hombre inquieto por siempre aprender y un rebelde con causa.
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