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2026-09-24
Derechos humanos ¿parte de la formación profesional?
Por: Alejandro García Suárez – Oficina Asesora de Comunicaciones
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Por: Juan Carlos Monzón. Periodista Oficina Asesora de Comunicaciones
Así como en el cuento Alí Babá y los Cuarenta Ladrones cuando el protagonista pronuncia la palabra mágica “ábrete sésamo” y se abre mágicamente la entrada a una cueva en donde hay un tesoro, así le pasó a Sandra, pero al abrir un correo. “Era una oferta laboral para ser profesora de pilates en Riad.
Yo no me presenté porque esa no era mi especialidad y no hablaba inglés. Yo lo que conocía era el tema de ciclismo. Si había hecho unos cursos de pilates, pero nada más. No obstante, la persona que hacía la convocatoria y que me conocía me llamó y me animo a postularme, pasé todas las pruebas y me aceptaron, firmé contrato con un gimnasio por dos años”.
Posteriormente pasó papeles a la embajada con la expectativa de que se le cumpliera el sueño que desde muy niña tenía de salir del país. “Ellos son muy estrictos en el otorgamiento de visas. Me tocó hacerme muchos exámenes médicos y reunir documentos, pero al final me dieron mi visa”.
Así aterrizó en el reino del príncipe heredero Mohamed Bin Salmán, hombre que ha implementado importantes reformas como ella misma lo reconoce. “Llegué en un momento en donde estaban los cambios para las mujeres. Antes de eso no podían manejar, ni salir solas y la policía religiosa llamada Mutawas si veía a una mujer que mostraba si quiera los tobillos, de una la castigaban.
Eso ha ido cambiando poco a poco. Él aprobó también la apertura de nuevos gimnasios, eso sí, unos para mujeres y otros para hombres por eso de mi estadía acá, pues no tienen personal para esa labor. Todo dentro de su programa Saudí 2030 en donde quieren desarrollar sectores como el turismo para no depender tanto del petróleo”, comenta.
Sin embargo, todavía falta mucho por hacer en esa teocracia en donde el Corán y sus 6236 versículos marca el destino de sus habitantes. “Yo tengo conocidas sauditas que les comento que salgamos a tomarnos un café y deben pedirle permiso al esposo o al papá si son solteras. Igualmente hay muchas que todavía usan la abaya y el hijab –prendas que cubren cuerpo y cabeza-. Nosotras las extrajeras no nos obligan a eso, pero si debemos estar vestidas sin mostrar nada sugestivo”.
Y es que la idiosincrasia de la sociedad saudí es bien curiosa para un occidental. “Son gente buena, pagan bastante bien y nos tratan con respeto porque básicamente son personas que no trabajan en el sentido estricto de la palabra. Ellos ocupan los cargos directivos en todos los niveles, la mano de obra operativa viene de Europa, Latinoamérica, Filipinas e India. En general acá existe buen nivel de vida. No hay mucho que hacer porque todo es un desierto en donde las temperaturas pueden llegar a cuarenta y ocho grados centígrados en verano y a un grado en invierno”, comenta.
Como consecuencia de la pandemia, el año pasado no pudo venir a Colombia, entonces se dedicó a recorrer el país. “Hice un viaje por gran parte de Arabia Saudita. No pude conocer las ciudades santas de La Meca y Medina, porque no soy musulmana. De hecho, cuando uno viaja a la ciudad Yeda hay una autopista que pasa por esas ciudades, pero es solo para los seguidores de Mahoma y otra vía está destinada para los no creyentes en el islam y no las atraviesa”.
Sobre su nivel de inglés afirma que logró perfeccionarlo a punta Youtube y la interacción con la gente. “Esa fue la herramienta que más usé porque desde que llegué, me pusieron a dictar unos cursos de pilates con unos británicos y eso era duro para mí, pero con el tiempo me fui soltando y ya lo hablo bastante bien”.
Finalmente,cuando se le pide un mensaje para los estudiantes de la UCundinamarca no duda en decirlo y con fuerza. “Aprovechen todo lo que enseña nuestra universidad. Miré yo vi la materia de lúdica y me parecía una tontería y quien iba a creer que acá me sirvió mucho, pues la tuve que poner en práctica en mis clases. También sé que la mayoría de los que pasan por sus aulas somos de escasos recursos, como yo, pero ahí están las oportunidades esperándolos, búsquenlas y arriésguense. Yo sé que el camino no es fácil, pero siempre hay que apuntar hacia arriba”.
En la Universidad de Cundinamarca continuamos estrechando la relación con nuestros graduados. Si quieres contarnos tu historia de emprendimiento o crecimiento profesional e inspirar a otros, te invitamos a escribirnos al correo: [email protected]
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